Gran Teatre del Liceu de Barcelona

En pleno año de conmemoraciones shakespearanas, y después del reciente fiasco de la insípida producción del Otello verdiano, el Gran Teatre del Liceu presentó el título homónimo rossiniano, 139 años después de su última representación. Gioachino Rossini estrenó suOtello, ossia Il Moro di Veneziahace doscientos años en el Teatro del Fondo de Nápoles, pocos meses después del estreno de su popular Il barbiere di Siviglia. I, aunque su obra shakespeariana no logró la inmortalidad de su gran ópera bufa, se erigió en un título del gran repertorio internacional hasta finales del siglo XIX, cuando se vio desbancado por el Otello de su compatriotaGiuseppe Verdi. Como muy bien reseña en el programa de mano el ilustre maestro apuntador Jaume Tribó, en el Liceu se llegó a representar en un total de 29 representaciones distribuidas en ocho ediciones distintas entre 1848 y 1877. A las cuales, afortunadamente, cabrá sumar las de los pasados 3 y 6 de febrero, en esta aplaudida versión concertada.

Encabezando el reparto tenoril – que nada menos cuenta con 6 efectivos en esta ópera –, pudimos disfrutar del incomparable Gregory Kunde, el único interprete del actual panorama internacional capaz de alternar ambos títulos, el verdiano y el rossiniano, de estéticas musicales substancialmente bien distintas. El suyo fue un Otello radiante y rotundo, cantado con arrojo e inteligencia, airoso en las exigentes coloraturas y bien modulado en el canto legato. A su lado, el magistral Rodrigo del ruso Dmitry Korchak, después de unas primeras intervenciones más ligeras, desató el entusiasmo del público a partir de su arrolladora interpretación de la estratosférica aria “Ah, come mai non senti?”. El dueto del duelo entre ambos, al final del segundo acto, fue uno de los momentos más vibrantes de esta excepcional velada. El Iago del tenor asiático Yijie Shi, debutante en la casa, fue también una grata sorpresa, tanto por su precisión estilística como por su intachable autoridad canora. Completaron el palmarés tenoril, los impecables cantantes locales Josep Lluís Moreno (Lucio), Josep Fadó (Dux) y Beñat Egiarte (gondolero), este último sacando oro de su episódica canción del tercer acto. A Jessica Pratt hemos de agradecer, no tan solo una Desdemona colosal y exquisitamente cantada, si no el haber aceptado alternar este rol con el de La Sonnambula de Oviedo, después de la enésima cancelación barcelonesa de Julia Lezhneva. A su lado, la catalana Lídia Vinyes-Curtis defendió el rol de Emilia con gran dignidad. El director norteamericano Christopher Franklin firmó también un notable debut al frente de la orquesta de la casa, a la cual solo cabe reprochar las desafortunadas intervenciones de la trompa solista, no por habituales menos escandalosas. El coro titular siguió exhibiendo su brillante estado de forma bajo la dirección de Conxita García.
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